Monarquia incuestionable

akihitoAlgunos sectores de la sociedad, hace un par de días, conmemoraban en España los 83 años del 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la segunda república española. Una fecha bastante significativa para aquellos que cuestionan la actual jefatura de Estado y, por consiguiente, el modelo político del país. Sabemos que el republicanismo ha ido creciendo con el paso de los años y los resbalones del monarca (su cacería de elefantes en Botswana, sus romances y los presuntos delitos fiscales del yerno).

La fecha me planteó averiguar qué opinan los japoneses de su monarquía, qué sienten por la Institución y si existe alguna corriente republicana entre esta compleja sociedad. Japón es un país extremadamente respetuoso con todo y, como no podía de ser de otra manera, exageradamente con su Emperador. Akihito es el actual “soberano celestial” de Japón, descendiente de una larga estirpe imperial que ha perdurado miles de años sin interrupción; sobreviviendo a crueles dictadores y terribles guerras mundiales a lo largo de la Historia. Su papel es puramente simbólico y, desde hace mucho tiempo, no ejerce ninguna influencia política ni, incluso, la posibilidad de moderar o intervenir en cuestión alguna de Estado, como sucede en el caso de los reyes de España y el Reino Unido. En la propia Constitución de 1947 se indicó en cláusula restrictiva que el Emperador “no tiene poder respeto al Gobierno”. A pesar de ello, aún sin ninguna utilidad específica, su figura cautiva a cualquier japonés medio. Como sucediera anteriormente en España, los medios de comunicación no indagan en exceso en cuestiones personales, privadas e íntimas y su imagen es inviolable.

Pero la explicación a tal admiración debemos encontrarla, más que en la parte política, en la vertiente simbólica y religiosa. Los Emperadores representan la máxime del sintoísmo (la religión propia de Japón) y, por lo tanto, son venerados como tal.

En Japón sólo hay un partido político que cuestiona la figura imperial. Se trata del Partido Comunista Japonés, que propone los valores sociales propios de una república. El aumento del respaldo social que ha experimentado en los últimos años ha ocasionado que su programa electoral sea difundido en diferentes idiomas por todo el país. En él plantean un modelo republicano un tanto peculiar, ya que no descartarían el mantenimiento del Emperador en el caso de que la voluntad popular así lo determinase bajo referéndum: “El sistema de Emperador es un sistema estipulado por la Constitución, y su continuación o interrupción debe ser decidida por la voluntad de la mayoría del pueblo en el futuro, cuando se madure el tiempo para hacerlo”, rezaba en el programa electoral del PCJ . Con ello podemos observar que plantear firmemente la sustitución del monarca sería algo poco prudente para los comunistas.

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