Las tarjetas: un misterio sin resolver

creditoPrimera recomendación para alguien que quiere ir a Japón: llevar dinero en metálico. El sentido común puede sugerirnos que, en un país tan moderno y avanzado, la tarjeta de crédito debe de estar tan implantada o más que en Europa. Gran error!

En Japón la mayoría de los pagos, por muy altos que sean, se realizan en metálico. El uso de la tarjeta de crédito se reserva para un porcentaje reducido, aunque cada vez más importante. Esta situación lleva a que solo algunos establecimientos y restaurantes acepten el dinero de plástico para el pago de sus clientes.

Pero este no es solo el gran inconveniente que tenemos los occidentales que estamos en Japón, sino la exclusividad que tienen las tarjetas japonesas en la mayoría de TPV’s. Aunque sean, por ejemplo VISA, existe una “restricción” que sólo permiten ser utilizadas con tarjetas nacionales. Si logramos encontrar un establecimiento que no tenga esa discriminación no nos extrañemos que, de igual modo, tampoco la acepte, y en cambio la de nuestra pareja o amigo sí que sea admitida. La causa? Está aún sin resolver. Olvidémonos en pensar si el motivo está en si es de crédito o débito, o si lleva numeración en relieve, o no. El motivo no lo encontraremos…

Algo similar ocurre en casi todos los cajeros automáticos del país (ATM). A pesar de los distintivos de Mastercard, American Express, VISA… Las tarjetas extranjeras no siempre son admitidas. Y, por supuesto, no pensemos en recurrir a una oficina bancaria porque tampoco lograremos nuestro cometido.

En Japón alguien pensó que esta situación era un gran inconveniente para los extranjeros y, bien por beneficencia o bien pensando en las comisiones, contribuyeron un poco a que los forasteros pudiéramos sacar dinero de nuestros ahorros. Pero para ello hay que dirigirse a una oficina de Japan Post, un Seven Eleven o una oficina de CityBank. Fijaos bien que, de las tres posibilidades, sólo una pertenece a un banco, las otras dos son una oficina de Correos y una tienda de comestibles. Y, como sería de esperar, no cantemos victoria, puede que algo ocurra y no acabe ofreciéndonos el servicio deseado.

Una auténtica locura!

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