“¡He votado a los comunistas!”

cartelesLas elecciones generales que se celebraron el pasado domingo en Japón registraron poco más del 50% de la participación del censo electoral, un indicador bastante objetivo del desencanto que mostraban los electores ante la decisión del primer ministro de adelantar los comicios. La mayoría de la ciudadanía piensa que ha sido algo totalmente innecesario y un coste absurdo para las arcas del Estado, quienes han tenido que sufragar los costes de unas elecciones en la que ya se sabía el ganador.

Shinzo Abe ha ampliado su mayoría parlamentaria en una estratégica operación política. Hace cosa de un mes sorprendió al país con el anuncio del adelanto electoral y cogió desprevenida a una oposición ya de por si débil y dividida. Su astuta maniobra ha conseguido los frutos deseados: más representación parlamentaria y una mayoría suficiente para modificar algo tan sagrado como la constitución japonesa. Según algunos el principal motivo de todo, junto a la aplicación de nuevas medidas económicas para afrontar la recesión del país.

“He votado a los comunistas”, me comentaba una amiga japonesa después de haber ejercido su derecho a voto. La elección no obedecía a motivos ideológicos sino más bien por escarmiento. “No apruebo el enorme gasto que las elecciones han supuesto al erario público, por lo tanto es una manera de demostrar mi disconformidad”, explicaba.

Sea como sea, mi amiga no fue la única que votó al Partido Comunista sino que los electores se han doblado en Japón respecto las últimas elecciones generales celebradas hace dos años. Algo sorprendente teniendo en cuenta que Japón es uno de los países del mundo donde mejor funciona el capitalismo.

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