Crónicas de Japón

Disfrazarse del servicio de limpieza para ver al niño en la guardería

bebejapones650Ayer un amigo me explicó la última “japonesada”: cómo tuvieron que vestirse, él y su mujer, para observar a su propio hijo en la guardería japonesa.

El pequeño acaba de empezar en el jardín de infancia y, por ello, el centro ofrece la posibilidad a los padres de que vean a su benjamín interactuar en el aula con el resto de compañeros. Para ello tuvieron que aparentar que formaban parte del servicio de limpieza del centro, con su bata azul, mascarilla blanca y pañuelo en la cabeza. Todo de artilugios para que su pequeño de dos años no los reconociera y pudiera ser observado con total naturalidad en su particular “hábitat”. ¡Y funcionó! No sólo el niño no los reconoció, sino que los padres pudieron observar la interacción de los pequeños, la atención que depositaba en clase y el rol que jugaba en aquel entorno.

Para mi amigo aquello fue algo bastante surrealista, aunque gracias a aquel simulacro pudieron ver la realidad que envuelve a su pequeño en el jardín de infancia.

No hablan de ello

banderaHan pasado ya tres años y los japoneses no hablan de ello. Por más que lo intentas no es algo que les resulte demasiado cómodo. A pesar de tus insistentes preguntas te dicen lo justo para satisfacer tu interés y salir así del paso. Pero no hay mucho más que rascar. A su carácter introvertido y reservado se le añade la experiencia traumática de haber vivido en primerísima persona, no sólo el intenso terremoto si no lo de después: de haber sido testigos de cómo unas enormes olas barrían toda la costa oriental de su país. Pongámonos en su piel e imaginémonos cómo debe ser la sensación de ver por televisión cómo un gigantesco tsunami está a punto de llegar, cómo impacta y cómo se lleva por delante casi medio millón de hogares, centenares de miles de vehículos y miles de vidas humanas… ¡en directo!

Los japoneses raramente exteriorizan sus sentimientos, con lo que oírles relatar con todo lujo de detalles lo que ocurrió aquel 11M es algo bastante extraordinario. Pero aún hay algo más reservado si cabe, el incidente de Fukushima. La crisis nuclear es algo que apenas se pronuncia y tampoco saben muy bien qué responderte ni qué futuro le depara a este tema.

Semejanzas entre la información del 11M español y el 11M japonés

Tengo entendido que, por lo que se refiere al altercado nuclear, los japoneses no recibieron toda la información que debieron durante las horas inmediatas. Ya entonces, muchos japoneses recibieron las primeras informaciones al respecto después de recibir la llamada o el mensaje de otros compatriotas instalados en el extranjero, quienes se informaban de lo que sucedía en su país gracias a los medios locales. Quizás como en España, durante el 11M pero de 2004, los japoneses tuvieron que acudir a los medios de comunicación internacionales para saber qué pasaba exactamente en su casa. Quizás el tema era de suma importancia como para dar algún tipo de información errónea, o sencillamente se trataba de un asunto muy polémico. Fuera como fuese, los japoneses no hablan.

Transporte público al día

Ya en 2003, durante el primer viaje que hice a Japón, me sorprendió el moderno sistema de pago que utilizaban los tokiotas para acceder al transporte público, una tarjeta electrónica que permitía el acceso a los andenes de las estaciones japonesas. Once años más tarde, nuestro país aún utiliza el incómodo y tradicional billete de papel, lo que nos demuestra nuestra escasa apuesta por la tecnología, la práctica y la sostenibilidad.

El transporte público es la opción de comunicación más eficaz de Japón. Millones de japoneses lo utilizan a diario por su extraordinaria, eficaz y puntual red de trenes que conecta todo el país. Diariamente la JR, -por cierto- la empresa ferroviaria de pasajeros más grande del mundo, factura millones de yenes debido al enorme volumen de pasajeros que la utilizan, motivo por el que desde 2001 introdujo el sistema de pago electrónico denominado Suika (Super Urban Intelligent Card). Un innovador recurso que Occidente debería adoptar por su sencillez, comodidad y simplificación de los sistemas de pago habituales. Suika no deja de ser una tarjeta prepago mediante la cual se accede a los vestíbulos y andenes de todas las estaciones de tren, metro y bus de Japón. Unos lectores instalados en ellas se encargan de registrar el acceso del pasajero y contabilizar su trayecto, lo que significa un ahorro en billetes y abonos espectacular, así como en tiempo y espera para adquirirlos.

Debido al éxito que logró la tarjeta entre los japoneses y la comodidad que representa, muchos establecimientos y máquinas expendedoras han admitido este sistema de pago, con lo que es posible pagar una lata de café, un bol de arroz en los pequeños establecimientos de las estaciones, el periódico o unos caramelos, por ejemplo. Las taquillas de las estaciones tampoco se quedan al margen y aceptan, casi como único pago, esta peculiar tarjeta.

La Suika (que por cierto significa “sandía” literalmente) puede adquirirse por 500 yenes y puede ser recargada cuantas veces se desee. Según la Wikipedia, en 2007, circulaban por Japón 20 millones de tarjetas. Hoy, sin ninguna duda, esa cifra se ha multiplicado.

Con nocturnidad y alevosía… ¡y sin protestar!

la fotoAquí en Japón parecen tenerlo claro, las obras en la vía pública molestan menos por la noche y es, por lo tanto, cuando las hacen. El abundante tráfico que se registra por las calles de cualquier ciudad japonesa hace inviable que cualquier autoridad competente programe una intervención urbana en pleno día; a menos, eso sí, que no sea estrictamente necesario. El sentido de la responsabilidad y, sobretodo, la voluntad de no molestar al prójimo son exageradas. La repercusión que estas tareas ocasionan a la ciudadanía son mucho menores si se desarrollan con nocturnidad. Pero… ¿y los vecinos? ¿Están igual de contentos?

maniEn Japón no es muy frecuente ver a sus ciudadanos protestar por demasiadas cosas, y menos por algo así como unas obras públicas. De hecho, las protestas ciudadanas no son algo habitual y raras son las manifestaciones que se pueden encontrar en una capital; algo bastante diferente a lo que tenemos en Europa. Esta reflexión me lleva a recordar la primera y única manifestación que he tenido ocasión de encontrar en Tokio. Fue durante la primavera pasada cuando una comitiva desfilaba por alrededor de la conocida estación de Shinjuku. La impresión inicial que tuve fue la de pensar que la protesta era de policías, ya que sólo se observaban agentes desfilar. Pero no. Muy lejos de eso, la presencia policial era la adecuada para una concentración de ese tipo. La manifestación la formaban japoneses partidarios de la legalización de las drogas. Una situación que sé será difícil de volver a encontrar.

La necesidad de las muchas horas de vuelo

Fuji aviónDestinar unas 15 horas de vuelo para disfrutar de Japón no sólo son necesarias por motivos físicos y de distancia, sino que también por muchas otras razones. Plantarse en un país como este en cuestión de minutos sería algo que nuestra cabeza no podría asimilar correctamente. Son tantas las cosas que nos separan de este mundo oriental que, al final deduces que, los miles de kilómetros son realmente lo de menos. La corrección, la disciplina, los valores, el comportamiento, la pulcritud, la amabilidad, la indiferencia, la atención… son tan diferentes a nuestro día a día europeo (si es que en este sentido podemos llamarnos así) que ves necesaria una transición temporal para que nuestra mente cambie el chip y se geoposicione en un mundo donde las cosas son tan diferentes. Con esto no me refiero tan solo a un lugar donde a la planta baja se le llama el primero, ni donde se circula por la izquierda, ni donde los terremotos son el pan nuestro de cada día, ni donde los trenes necesitan empujadores para apretar los pasajeros y darles cabida en el coche.. sino por estar en un mundo donde, a pesar de sus pesares, te sientes seguro. Donde los valores humanos son eso, valores humanos; y donde apenas existe la tentación de adueñarse de lo ajeno, de montar escándalos, de airear los trapos sucios domésticos, de cotillear del prójimo a pesar de su carácter alcahueto

No existe dinero en el mundo con el que pagar la buena sensación que uno tiene cuando ve que, en una ciudad de más de doce millones de personas, alguien se olvida el móvil en el tren y se le es devuelto sin ningún tipo de problema; o cuando alguien pierde una tarjeta de crédito y al cabo de unas horas la encuentra inmóvil en el mismo sitio donde le cayó. ¿Qué habremos hecho mal para que nosotros no tengamos un mundo así?

Cuando el avión empieza a perder altura y surca la poca agraciada costa japonesa, la corona nevada del Fuji se deja entrever por las nuves, no hay duda: ¡llagamos ya a Tokio! Es momento ya de activar el modo nipón. ようこそ日本