Goku como nombre de pila

En estos días de caluroso agosto, cuando las noticias van escasas y cualquier hecho noticiable se vende sólo, hemos conocido la gesta de un padre de Barcelona en ponerle Goku, como nombre, a su hijo recién nacido.

Su admiración, que no fanatismo, por la serie de animación llevó a Juan Carlos a proponerle a su mujer llamar así a su primer hijo. Tras valorar los pro y los contra de la iniciativa, decidieron inscribir a su retoño con el popular nombre de este personaje de ficción. Goku superó el trámite en el hospital, en el registro e incluso en la Iglesia, pero donde realmente tuvieron problemas de aceptación fue en Facebook. La red social ponía en duda que el nombre fuera real y solicitó a los padres documentación que acreditara que, en efecto, el niño se llamara así.

El 17 de julio nació en España el primer niño con el nombre de Goku y quien sabe si se trata del primero de una nueva moda de nombres de series de televisión. Con mucha probabilidad, en Japón no encontrariamos a nadie que oficialmente se llamara así, ya que -aunque lo parezca- no se trata de un nombre tradicional japonés, sino chino. En realidad, la serie de Dragon Ball cuenta una leyenda de origen chino. De hecho, podríamos encontrar muchos chinos apellidadas como Goku y Gohan: Son.

Tiempo atrás escribí una entrada en este blog tratando el significado de algunos de los nombres que ideó Akira Toriyama para sus personajes de animación. Recordemos que Goku, en realidad se llamaba Kakarotto, una deformación del inglés, carrot.

 

Trenes silenciosos

Recientemente la prensa española nos ha hablado del éxito que ha alcanzado el vagón silencioso que Renfe ha habilitado en los AVE Madrid-Barcelona. Se trata de un coche donde la luz es tenue, donde no está permitido hablar por teléfono, ni hablar en voz alta y donde la megafonía está inhabilitada. Un vagón que tiene como objetivo hacer más tranquilo el desplazamiento a sus pasajeros.

La iniciativa de la empresa ferroviaria está muy bien, pero ello demuestra el tipo de sociedad que predomina en nuestro país. No hace falta decir cómo son los viajes en transporte público en Japón, ¿verdad? Silencio absoluto en cualquier vagón, en cualquier andén y en cualquier sitio. Allí no son necesarios los coches silenciosos, porque ya todo es silencioso. Allí no hace falta instruir a la gente para que no moleste, porque ellos nunca molestan a nadie.

Cuando una sociedad no habla por su teléfono móvil en el tren, dice mucho de sí. No lo hacen porque no tengan ganas de responder, sino porque no quieren molestar a sus compañeros de viaje. Algo que aquí nadie se plantearía en absoluto. Es más, ¿cuántas conversaciones (desagradables) a grito limpio hemos oído en los trenes? ¿A qué creéis que es debido, a la falta de educación o a la falta de sensibilidad?

En Japón, durante las horas punta, la mayoría de los pasajeros de un tren viajan de pie, todos ellos apoyados con una mano en el agarrador y con la otra sujetando el móvil o un manga. Cada uno con su mundo o cada uno con su sueño (recordemos que los japoneses duermen mucho en el transporte público). Y las conversaciones siempre en voz baja y lo más breves posibles. La falta de ruido es tan fuerte que ni el traqueteo del tren es suficiente para romper con la incomodidad del silencio.

“Parasoru”

La primera vez que visité el país, conocí una palabra en japonés que me llamó especialmente la atención: パラソル (parasol), un vocablo muy familiar para los castellanohablantes que designa al artilugio que nos protege de la insolación. Curiosamente en Japón, aunque existe una palabra propia para este concepto (“higasa”), suelen utilizarla con bastante frecuencia. Hemos de tener en cuenta que los parasoles se utilizan con mucha regularidad, especialmente por la señoras japonesas que quieren cubrirse del sol. La tradición nipona aleja del concepto de belleza a las mujeres demasiado morenas, con lo que éstas huyen del bronceado y se protegen con asiduidad con parasoles o paraguas que tienen doble función: taparse de la luz solar, en los momentos de mucha radiación, y evitar mojarse en la época de lluvias, que suele transcurrir al inicio del verano. Un accesorio muy beneficioso y conveniente que salva el tipo a más de una.

Como decía, en Japón es muy habitual ver a señoras resguardarse del sol en plena calle, pero lo que quizás no es tan cotidiano es ver cómo se instalan parasoles a determinadas plantas y flores. Mi amiga Keikosan me envió esta fotografía donde podemos observar cómo se protegen del sol unas flores del jardín de un parque de la ciudad de Machida. Como siempre, los japoneses tan detallistas: cuidan los detalles y las formas, incluso con las plantas.

轟さんありがとうございます!

Los productos Apple

Hacía ya mucho tiempo que quería escribir respecto a este tema: los productos de Apple, Japón y los japoneses. Steve Jobs no sólo revolucionó el mundo de la telefonía móvil en Europa y América, sino que también lo hizo en Japón, un país donde el campo de las comunicaciones telefónicas ya estaba muy desarrollado.

Cuando en Europa y América “disfrutábamos” de nuestros dispositivos Nokia a pantalla en blanco y negro y, a través del cual, enviábamos mensajes de texto a 25 pesetas, en Japón ya existían los teléfonos tipo concha y con pantallas a todo color. Los SMS eran reemplazados por los económicos correos electrónicos, que los móviles japoneses ya ofrecían por allá el año 2003.

A excepción de la pantalla multitáctil, en Japón los teléfonos móviles ya ofrecían desde hacía mucho tiempo conexión a internet, wifi, emails, servicios de subscripción, radio e incluso televisión. Debido a estos avances tecnológicos, que ya estaban presentes en el mercado de la telefonía japonesa, el iPhone costó en introducirse en el país asiático a pesar de la buena acogida que siempre han tenido en él los productos de la empresa de la manzana. SoftBank (heredera de la extinguida Vodafone Japan) hizo una apuesta muy fuerte por el terminal americano y fue quien se encargó de comercializarlo en el país casi con exclusividad. Como en España, la primera generación del iPhone no se vendió en Japón, ya que el aparato aún no usaba redes de tercera generación, las únicas compatibles con el servicio telefónico japonés. Desde entonces el interés por el iPhone ha ido creciendo a un ritmo imparable, modelo tras modelo; hasta el punto de que ya todas las principales operadores de telefonía del país lo comercializan dentro de su catálogo.

Con el tiempo, el iPhone se ha convertido en un producto muy codiciado por todo el mundo. Apple lo comercializa en Japón a un precio muy competitivo en comparación con otros países como en España. El cambio de divisa y el IVA tan alto que pagamos en comparación (21% frente al 8%) justificarían que el último modelo de Apple cueste casi 200 euros menos en Japón, a pesar del alto nivel de vida.

Puedo decir que fui uno de los primeros en poseer un iPhone 6 Plus y de beneficiarme de esa diferencia económica. El mismo día del lanzamiento, lo adquirí a través de la Apple Store on line. 15 días más tarde me lo entregaba un mensajero en mi domicilio japonés.

(Fotografía: Así llegó mi iPhone a casa, empaquetado y fijado con film transparente para su transporte)

Llega la Golden Week

Uno de los momentos más esperados por los japoneses es la Golden Week, su semana dorada. Un periodo que aprovechan los nipones para hacer un paréntesis en sus obligaciones laborales y disfrutar de unas merecidas vacaciones, aprovechando la llegada del buen tiempo. Los aeropuertos registran una gran actividad y volar cuesta mucho más de lo habitual.

Golden-WeekLa semana dorada de los japoneses es fruto de la unión de cuatro días festivos, es decir, un super puente que les permite disponer de prácticamente una semana entera de vacaciones. Hoy en Japón celebran el día del emperador Showa, una época que el país vivió con mucha agitación. Se cree que de esta forma la sociedad recuerda las penurias y alegrías que pasaron durante esa Era para transmitirlas a las nuevas generaciones, a modo de crear un futuro próspero. El día 3 de mayo los japoneses dedican esa jornada a conmemorar la Constitución japonesa. El 4 celebran el día del verdor (midori no hi), un excelente momento para dar la bienvenida a la primavera. Finalmente, el 5 de mayo se celebra el día de los niños (kodomo no hi), momento en que Japón se llena cometas en forma de carpa.

Curiosamente el 1 de mayo en Japón no es día festivo, a diferencia de muchos otros países de todo el mundo, aunque cada vez son más las empresas que deciden hacer de dicho día una jornada festiva.

También es interesante diferenciar el día del cumpleaños del actual Emperador (el 23 de diciembre) y el día del emperador Showa.

Objetos perdidos

Son muchísimas las anécdotas que se podrían explicar que demostrarían la seguridad de Japón y la honradez de sus gentes. Historias inverosímiles que cuentan cómo se han perdido objetos de valor, carteras, monederos, ordenadores… y sus propietarios lo han recuperado sin ningún problema. Y es que en Japón las cosas ajenas no se tocan, o si se tocan sólo es para facilitar su localización. Habitualmente por las calles de Tokio es normal encontrar objetos situados en lugares altos y visibles para facilitar al propietario su rápida recuperación. Podemos encontrar zapatos de niños, abrigos, guantes, teléfonos móviles, carteras e incluso tarjetas de crédito.

Siempre que surge la oportunidad cuento la historia de la tarjeta de crédito que vi en el suelo en una concurrida estación del área metropolitana de Tokio. Acababa de llegar a Japón y me sorprendió enormemente encontrarme una tarjeta de crédito en el suelo. Pero lo más asombroso fue ver cómo la gente pasaba por al lado y nadie se adueñaba de ella. Algo que, lamentablemente, en Europa es muy frecuente. Cuando la vi, me aparté y aguardé a distancia suficiente para ver qué ocurría con la tarjeta. Por su lado pasaron cientos de personas y nadie se agachó ni un solo momento para recogerla. Del mismo modo he visto por los suelos de Tokio muchos otros objetos de valor y conozco gente que se olvidó objetos valiosos en los trenes y los recuperaron fácilmente.

Admiro profundamente que en Japón la gente no se adueñe de lo que no le corresponde. Si en Japón pierdes algo, tranquilo que seguro que lo recuperas.

Anuncios de mascotas perdidas

Como he dicho en varias ocasiones en este blog, los animales de compañía son muy importantes para los japoneses. Muchos nipones optan por tener perros y gatos en sus casas que, desafortunadamente, en ocasiones se escapan y desaparecen. Por este motivo es habitual encontrar, en las farolas de algunas calles, anuncios que avisan de la pérdida de uno de estos animales. Como podéis ver en la foto, para encontrarlos preparan un anuncio muy elaborado con fotografías del animal desde todos los perfiles; para que no pueda haber ningún tipo de confusión.

En esta fotografía observamos cómo se describe a este gato, con diferentes fotografías y descripciones de cómo es el animal. En él explican, por ejemplo, que se llama Mami, que tiene 10 años y que tiene una pequeña muesca en la oreja izquierda.

 

De la indiferencia a la nostalgia

Si he de ser sincero, la primera vez que vi el sakura no me llamó en exceso la atención. Sí, observaba infinidad de imágenes pintorescas, pero no lograba comprender la obsesión de los japoneses por la llagada de este momento. Poco a poco, con el tiempo, fui apreciando la importancia del florecimiento de los cerezos, no sólo por la belleza del momento sino -en buena medida- por la simbología que representa. ¿Qué mejor manera de recibir la primavera que con millones de flores blancas?

Ahora, que me encuentro a miles de quilómetros de Japón, añoro ese momento tan especial. Cuando la gente camina por la calle ilusionada en ver un cerezo en flor y cuando la gente aprovecha para compartir excursiones, picnics y demás actividades.

Durante estos días los principales parques de Japón y sus mejores avenidas se convierten en un verdadero espectáculo natural que, en mayor o menor medida, no puede dejar indiferente a nadie.

Este año el momento más álgido del sakura ha coincidido en los países católicos con la Semana Santa, la contraposición a todos los sentimientos que se viven ahora en Japón. Una vez más prefiero decantarme por la opción japonesa: tristeza por alegría y color negro por colores vivos y primaverales.

Fijación de las cosas

Recientemente he encontrado entre los objetos que nos trajimos de Japón, estas bases plásticas y adhesivas de color azul que podéis observar en la fotografía. Se trata de un producto muy habitual que sirve para fijar y estabilizar los objetos que pueden caerse durante un terremoto. Ello me ha llevado a recordar las numerosas precauciones que toman los japoneses para que los movimientos sísmicos les perjudiquen lo mínimo posible.

Los japoneses suelen fijar los muebles a la pared para evitar que se caigan durante un terremoto. Un mueble sin collar puede aplastar a una persona si cae sobre ella, a la par que su derrumbe puede obstaculizar la huida y el rescate de las personas que se encuentran dentro del inmueble. Por este motivo, los nipones toman muchas precauciones en este sentido, que también sirven para evitar que pequeños aparatos como televisores, ordenadores o equipos de música puedan dañarse si caen al suelo durante el balanceo.

41GSSGXc5hLComo sucedió en el gran terremoto de 2011, durante los días siguientes puede resultar difícil conseguir artículos de uso cotidiano. Por este motivo se recomienda preparar una caja con alimentos básicos como agua embotellada, productos envasados al vacío, medicamentos, linternas, pilas y una radio para obtener información actualizada. Para ello, muchos supermercados venden botellas de agua de larga caducidad, que permiten ser consumidas en un plazo máximo de hasta cinco años.

En el trabajo: “perdón por irme antes”

Una de las preguntas más habituales que suelen hacerme en relación con la sociedad japonesa, es si los nipones trabajan tanto como se dice. Ésta es una pregunta que no tiene fácil respuesta porque la concepción de trabajo es muy diferente. Sí que es cierto que los japoneses pasan muchas horas en sus oficinas, de hecho algunos de ellos superan las 80 horas semanales. ¿Pero eso significa que sean más productivos que los europeos? Sinceramente creo que no. La estructura jerárquica de las empresas niponas impide que muchos empleados tengan iniciativa propia y puedan desarrollar sus tareas laborales con total normalidad y cotidianidad. Esa atadura a la supervisión del jefe frena importantemente la agilidad necesaria para tirar adelante muchos proyectos en curso. También son muy habituales las reuniones de trabajo que absorben una gran cantidad de horas semanales.

En la mayoría de las empresas, el horario de trabajo es de 09 h a 17 h. Sin embargo, recientemente, se está inculcando el sistema de horario flexible, que ofrece a los empleados cierta libertad para decidir su horario laboral. Este sistema permite a los trabajadores evitar las horas punta del transporte público y trabajar conciliando algo más la vida privada, especialmente de las mujeres.

Pero el gran problema de los japoneses es que les cuesta irse del trabajo antes que el resto de sus compañeros o, peor aún, de sus jefes aunque ya hayan acabado sus tareas. Si finalmente deciden irse, deben mostrar consideración hacia el resto de compañeros y excusar su partida con un “perdón por irme antes” (o-saki ni shitsurei shimasu).

(Fotografía de un edificio de oficinas próximo a la estación de Tokio)