“Parasoru”

La primera vez que visité el país, conocí una palabra en japonés que me llamó especialmente la atención: パラソル (parasol), un vocablo muy familiar para los castellanohablantes que designa al artilugio que nos protege de la insolación. Curiosamente en Japón, aunque existe una palabra propia para este concepto (“higasa”), suelen utilizarla con bastante frecuencia. Hemos de tener en cuenta que los parasoles se utilizan con mucha regularidad, especialmente por la señoras japonesas que quieren cubrirse del sol. La tradición nipona aleja del concepto de belleza a las mujeres demasiado morenas, con lo que éstas huyen del bronceado y se protegen con asiduidad con parasoles o paraguas que tienen doble función: taparse de la luz solar, en los momentos de mucha radiación, y evitar mojarse en la época de lluvias, que suele transcurrir al inicio del verano. Un accesorio muy beneficioso y conveniente que salva el tipo a más de una.

Como decía, en Japón es muy habitual ver a señoras resguardarse del sol en plena calle, pero lo que quizás no es tan cotidiano es ver cómo se instalan parasoles a determinadas plantas y flores. Mi amiga Keikosan me envió esta fotografía donde podemos observar cómo se protegen del sol unas flores del jardín de un parque de la ciudad de Machida. Como siempre, los japoneses tan detallistas: cuidan los detalles y las formas, incluso con las plantas.

轟さんありがとうございます!

De la indiferencia a la nostalgia

Si he de ser sincero, la primera vez que vi el sakura no me llamó en exceso la atención. Sí, observaba infinidad de imágenes pintorescas, pero no lograba comprender la obsesión de los japoneses por la llagada de este momento. Poco a poco, con el tiempo, fui apreciando la importancia del florecimiento de los cerezos, no sólo por la belleza del momento sino -en buena medida- por la simbología que representa. ¿Qué mejor manera de recibir la primavera que con millones de flores blancas?

Ahora, que me encuentro a miles de quilómetros de Japón, añoro ese momento tan especial. Cuando la gente camina por la calle ilusionada en ver un cerezo en flor y cuando la gente aprovecha para compartir excursiones, picnics y demás actividades.

Durante estos días los principales parques de Japón y sus mejores avenidas se convierten en un verdadero espectáculo natural que, en mayor o menor medida, no puede dejar indiferente a nadie.

Este año el momento más álgido del sakura ha coincidido en los países católicos con la Semana Santa, la contraposición a todos los sentimientos que se viven ahora en Japón. Una vez más prefiero decantarme por la opción japonesa: tristeza por alegría y color negro por colores vivos y primaverales.

11 de marzo de 2011

Hoy es una de aquellas fechas imposible de no relacionar con Japón. Tal día como hoy, de hace ya 4 años, se producía uno de los capítulos más tristes de la historia reciente del país. Un terremoto de más 9 grados sacudía la parte este de Japón, provocando graves desperfectos y ocasionando un devastador tsunami que arrasó la costa nipona. Miles de persones perdieron la vida y otras tantas desaparecieron. El pueblo de Japón, a pesar de la magnitud de la tragedia, dio una lección mundial de comportamiento y, con las semanas posteriores, de superación. Una vez más, el país demostró al mundo su capacidad de superación.

Durante mi estancia en Japón, una de las preguntas que más hice a mis amigos japoneses fue cómo experimentaron el terremoto del 11 de marzo de 2011. Todos, sin excepción alguna, recordaban una sensación extraña, muy diferente a la habitual, a pesar de estar acostumbrados a este tipo de fenómenos. Cada uno relataba una vivencia diferente, pero todos ellos coincidían en no hablar demasiado de lo sucedido. Tal como dije en la entrada que hice justo hace un año, los japoneses no hablan demasiado de aquel día. Para saber cómo se vivió un acontecimiento de esta magnitud tuve que recorrer al testimonio de amigos españoles que vivieron en Japón aquella experiencia. Realmente escalofriante.

(Fotografía de una delegación pública en Yokohama. Marzo de 2014)

Sakura 2015: el 26 de marzo, en Tokio

Si hay algo en Japón que da la bienvenida a la primavera es sin duda la floración del cerezo. Como sabréis el sakura es un acontecimiento natural muy adorado en el país y, cada año, los japoneses siguen con pasión este momento único. Este año, según me comenta mi amiga Keikosan, el sakura llegará a partir del 19 de marzo, en función de la situación de cada ciudad en la geografía nipona. En Tokio, por ejemplo, lo hará el 26 de marzo.

La gran tradición por observar los cerezos en flor ha llevado a los japoneses a la plantación en exceso de estos árboles, en las avenidas, en las carreteras, en los parques… Todo con el propósito de que cuando llegue el momento las calles se conviertan en un auténtico espectáculo. Y la verdad es que así es. Japón se transforma para recibir a la primavera y disfrutar de la belleza que proporciona la ocasión. Los principales parques de todas las ciudades de la nación se preparan para recibir la visita de miles de personas. Especialmente los fines de semana que se llenan de gente y resultan prácticamente intransitables las zonas donde proliferan las flores de cerezo. Recuerdo el año pasado, que para acceder a Yasukuni la cola llegaba hasta el interior de la estación de metro. Las horas punta se convierten en algo realmente exagerado y muy poco recomendado para personas que detesten las grandes aglomeraciones.

Los japoneses, muy dados a las celebraciones, preparan todo tipo de festejos para recibir y admirar el sakura. Lo más habitual es reunirse con amigos, compañeros y familia y celebrar los “hanami”, unos pik-niks bajo los cerezos en flor, para observar la belleza de las ramas y la lluvia de pétalos tan característica. Un lugar de referencia es sin duda el parque de Yoyogi, cerca de Harajuku.

A nivel comercial los nipones también preparan promociones y decoraciones especiales para sus clientes.

Las fechas del sakura varían cada año, en función de la climatología y la posición geográfica de cada región. Este año la Agencia Meteorológica de Japón ha determinado que con mucha seguridad la floración de los cerezos se desarrollará a partir del 19 de este mes.

La esencia de Japón en imágenes

Japón se está convirtiendo en el destino turístico de moda para muchos españoles. Cada vez son más quienes eligen este país asiático para pasar allí sus días de descanso. Los interminables atractivos culturales, naturales y sociales lo hacen único y las buenas impresiones de aquellos quienes lo han visitado con anterioridad contagian al resto.

Si ayer os hablaba de la fotografía de un amigo que recientemente visitó Japón, hoy os he de hablar del vídeo que ha elaborado otro de ellos. Con su cámara ha sabido recoger la esencia más tradicional y la vez moderna de este país sin igual. Con el permiso de Ricardo, os ofrezco que veáis su montaje y disfrutéis de sus imágenes.

Los palillos

bastonetsPara los orientales algo tan propio como la comida son sus palillos para poder comérsela. Los “hashi”, que es como se llaman en japonés, son bastante imprescindibles para la mayoría de los nipones, quizás demasiado. Su exagerada dependencia obliga a que todas las tiendas del país ofrezcan palillos con cada alimento que venden. Tal generosidad provoca que se lleguen a acumular en casa gran cantidad de palillos de madera que irremediablemente tarde o temprano acaban en el cubo de la basura.

A tal reflexión he llegado después de vaciar el cajón de la cocina. De lo más fondo del mismo empezaron salir pares y más pares de palillos, junto a unas cuantas cucharillas de plástico que también ofrecen tras la compra de yogures. Sólo entonces piensas “qué desperdicio de material y, sobretodo, de recursos naturales”.

La verdad es que, en alguna ocasión, cuando en el konbini te preparan la bolsa, había pensado en ello, pero siempre después de que los palillos acabaran en el interior de la misma. ¡Algo tarde ya!

Sólo en Japón viven y comen cada día más de 120 millones de personas. Eso significa que diariamente se usan millones y millones de palillos de madera desechables, especialmente teniendo en cuenta la asiduidad con la que los japoneses comen fuera de casa. Sinceramente me horroriza pensar la gran cantidad de árboles que se destinan para tal fin.

Otoño increíble

IMG_2749

Una de las estaciones más bonitas es sin duda el otoño, momento en que afloran miles de colores. En Japón las montañas adoptan una espectacular gama cromática digna de la mejor de las paletas. Es la ocasión ideal para disfrutar de los paisajes que nos proporciona este fantástico país.

IMG_2709IMG_2758IMG_2756

Tifones como churros

tifonJunto a los terremotos, los tifones era uno de los fenómenos naturales que más me tenían intrigado. Esa violencia meteorológica que a menudo observamos por televisión despierta el temor a cualquiera y, sobretodo, si a lo largo de la temporada hay que experimentar con una media de unos treinta.Como todo en la vida, de tifones hay de muchos tipos. Estar situado delante una gran masa oceánica conlleva a la exposición repetitiva de estas grandes perturbaciones atmosféricas que pueden arrasar con cualquier cosa. Afortunadamente la intensidad de estos ciclones no siempre es violenta, frecuentemente adoptan una fuerza razonable y, de no ser por nuestro conocimiento meteorológico, muchas veces pasarían desapercibidos como frentes normales.

La evolución que adoptan los tifones es constante y no siempre previsible. La agencia meteorológica japonesa informa constantemente del ciclo de vida de estas impresionantes tormentas, aunque no siempre con el merecido acierto. Aun así los japoneses prevén siempre con precaución la llegada de cualquier tormenta y activan de inmediato todos los protocolos de seguridad necesarios para afrontar la situación.

Habitualmente los tifones llegan a Japón por la parte sur, con lo que la peor parte se la llevan los japoneses de Okinawa, un archipiélago situado a pocas millas. Suele ser ahí donde dichos ciclones tocan tierra y, los más violentos, provocan graves daños sobre su población.

Cuervos y más cuervos

cuervosSe ha escrito mucho al respecto y francamente no es para menos. ¡Japón está lleno de cuervos! Tokio, una de las ciudades más densas del mundo, registra decenas de miles de estos pájaros, una cifra indeterminada que sitúa el volumen de su población en la categoría de plaga. Sus graznidos son uno de los primeros sonidos que pueden escucharse cuando se rompe la oscuridad de la noche y, en la calle, solo basta con alzar la vista para ver a alguno de ellos planear sobre nuestro, en búsqueda de alguna bolsa de basura o cualquier objeto apetecible que se preste.

No son sólo pájaros, sino que son unas aves con un desarrollo intelectual bastante grande, suficiente para recordar, actuar con consecuencia e incluso atacar a las personas. Quizás por esto último no acaban de congeniar demasiado con los japoneses. Bueno, por eso y porque suelen ser unos magníficos saboteadores de las bolsas de basura.

La convivencia con estas aves es antológica, ¿quién no recuerda ver alguno en varioscuervos-arale capítulos de la veterana serie del Dr. Slump? Y es que en realidad son así, tal y como Toriyama los pintaba: chulescos, faltones y demasiado listos. Aquí a menudo asaltan a aquellas personas que, en los parques, durante la hora de la comida descuidan sus pertinencias, sean o no comida; mientras que a los operarios de las basuras les llevan por el camino de la amargura. El gobierno metropolitano repartió gratuitamente miles de mayas por la ciudad para cubrir los rincones anexos a los edificios donde se guardan las bolsas de basura, para evitar el desparrame de todo su contenido.