Sandías a 2.500 euros

En Japón las subastas más famosas son, sin lugar a dudas, las que se celebran diariamente en el mercado del pescado de Tsukiji, pero también hay otras que se han popularizado por la singularidad del producto y por el precio que se alcanza.

Cada año, con la llegada de las diferentes estaciones, es habitual que se subasten productos típicos de la época. Con ello se da un simbólico pistoletazo de salida de la temporada en cuestión. Con el buen tiempo llega la fruta típica del verano, algo que de por sí ya se paga a precios bastante prohibitivos para muchos de nosotros.

Frutas como sandías y melones son productos que encontramos en los supermercados a precios muy altos. Un melón puede alcanzar tranquilamente los 20-35 euros por unidad, lo mismo que las sandías, aunque mucho más pequeñas de lo que normalmente vemos en Europa. En Japón las sandías más preciadas, las de Hokkaido, suelen subastarse por esta época y alcanzan precios desorbitados. Este año, la pieza ha llegado a pagarse a 350.000 yenes, unos 2.500 euros. ¿Pagaríais vosotros ese dinero por una sandía?

Los productos Apple

Hacía ya mucho tiempo que quería escribir respecto a este tema: los productos de Apple, Japón y los japoneses. Steve Jobs no sólo revolucionó el mundo de la telefonía móvil en Europa y América, sino que también lo hizo en Japón, un país donde el campo de las comunicaciones telefónicas ya estaba muy desarrollado.

Cuando en Europa y América «disfrutábamos» de nuestros dispositivos Nokia a pantalla en blanco y negro y, a través del cual, enviábamos mensajes de texto a 25 pesetas, en Japón ya existían los teléfonos tipo concha y con pantallas a todo color. Los SMS eran reemplazados por los económicos correos electrónicos, que los móviles japoneses ya ofrecían por allá el año 2003.

A excepción de la pantalla multitáctil, en Japón los teléfonos móviles ya ofrecían desde hacía mucho tiempo conexión a internet, wifi, emails, servicios de subscripción, radio e incluso televisión. Debido a estos avances tecnológicos, que ya estaban presentes en el mercado de la telefonía japonesa, el iPhone costó en introducirse en el país asiático a pesar de la buena acogida que siempre han tenido en él los productos de la empresa de la manzana. SoftBank (heredera de la extinguida Vodafone Japan) hizo una apuesta muy fuerte por el terminal americano y fue quien se encargó de comercializarlo en el país casi con exclusividad. Como en España, la primera generación del iPhone no se vendió en Japón, ya que el aparato aún no usaba redes de tercera generación, las únicas compatibles con el servicio telefónico japonés. Desde entonces el interés por el iPhone ha ido creciendo a un ritmo imparable, modelo tras modelo; hasta el punto de que ya todas las principales operadores de telefonía del país lo comercializan dentro de su catálogo.

Con el tiempo, el iPhone se ha convertido en un producto muy codiciado por todo el mundo. Apple lo comercializa en Japón a un precio muy competitivo en comparación con otros países como en España. El cambio de divisa y el IVA tan alto que pagamos en comparación (21% frente al 8%) justificarían que el último modelo de Apple cueste casi 200 euros menos en Japón, a pesar del alto nivel de vida.

Puedo decir que fui uno de los primeros en poseer un iPhone 6 Plus y de beneficiarme de esa diferencia económica. El mismo día del lanzamiento, lo adquirí a través de la Apple Store on line. 15 días más tarde me lo entregaba un mensajero en mi domicilio japonés.

(Fotografía: Así llegó mi iPhone a casa, empaquetado y fijado con film transparente para su transporte)

Limpiar las gafas en una óptica

En Japón, la mayoría de las ópticas disponen en el exterior, junto a sus puertas, de unos mostradores que limpian las gafas de aquellas persones que lo necesitan. Se trata de un servicio gratuito que ofrece el establecimiento con la intención de contentar al transeúnte y de fidelizar al cliente que diariamente pasa por delante.

Lo más llamativo del servicio es el instrumental que se emplea para lograr tal propósito. Estamos hablando de un aparato electrónico cóncavo que, a través de ultrasonidos, elimina la suciedad adherida al cristal del anteojo. Al introducirlas oímos una leve vibración y el sonido de un burbujeo durante un minuto aproximadamente. Al costado encontramos un recipiente con agua para enjuagar las gafas y finalmente un dispensador de pañuelos de papel para secarlas. El resultado es espectacular.

¿Por qué será que de esto tampoco tenemos en Europa?

Las máquinas vending

Japón tiene una gran cantidad de máquinas expendedoras en sus calles. No hay ninguna zona transitable en el país que no disponga, de cómo mínimo, de una instalada en el lugar más insospechado.

Resulta rentable para los comerciantes japoneses instalar este tipo de máquinas en el exterior para satisfacer el carácter consumista de los japoneses. Se trata de una sociedad que compra sin demasiados reparos todo aquello que consideran que cubre sus necesidades, sobretodo si es a buen precio. Los cafés, refrescos y bebidas en general en lata son productos muy aceptados a los que no se suelen resistirse demasiado. Por lo tanto, si observan en la calle una de estas expendedoras y les apetece tomarse algo, lo harán sin contemplación. Hay que tener en cuenta que los precios son muy parecidos a los de las tiendas (o en muchas ocasiones incluso más económicos) y por menos de un euro puedes tomarte un aromático café o una refrescante coca-cola. ¿Verdad que os resulta extraño oír hablar de café enlatado? Pues creedme que, para mí, son de los mejores que hay en el país.

Cada vez las vending tienen más y más opciones y son más sofisticadas. Últimamente proliferan en Japón máquinas con una enorme pantalla táctil que, a su vez, proporciona toda la información necesaria sobre su consumo: temperatura, calorías que aporta, precio… Además de ofrecer la previsión meteorológica y hacerte un escáner de tu aspecto para determinar tus características de género y edad, y así ofrecerte un catálogo de productos más enfocados a tu perfil.

Si alguna vez viajáis a Japón, veréis cómo os sorprenderá la abundante presencia de este tipo de máquinas expendedoras.

El interés por el juego

Junto a los konbinis, karaokes y locales de comida rápida, uno de los negocios que más se repite en Japón son los pachinko. Una especie de casinos o de salones de máquinas tragaperras que ocupan cientos de metros cuadrados. En Tokio los contaríamos por cientos y los asiduos jugadores por miles. Algunos japoneses son muy dados al juego y por ello es habitual ver cómo se aglutinan en las puertas de estos locales, a primera hora de la mañana, a la impaciente espera de su obertura.

El funcionamiento de las máquinas de los pachinkos es bastante sencillo. Al entrar en él debes comprar unas bolitas que te servirán para introducirlas en las máquinas y, según caigan, se puede obtener dinero como premio.

Pero la afición por los recreativos y por el entretenimiento llevó a los japoneses a idear varios tipos de negocio, siempre al rededor de la cultura de introducir monedas. Es habitual encontrar locales donde conseguir peluches, bailar al ritmo de las luces, o fotografiarse con los amigos en un escenario virtual.

El «mochi» mata a más personas que el pez globo

mochisHablar de longevidad es hablar de japoneses. Japón tiene el privilegio de ser uno de los países

del mundo donde la gente vive más años. Los expertos dicen que ello se debe en buena medida al tipo de comida con la que se alimentan: productos frescos, libres de grasa, ricos en fibra…Pero lo cierto es que estos días estamos leyendo en los medios europeos cómo por estas fechas están muriendo muchos japoneses de una manera bastante absurda, por culpa de uno de sus alimentos más conocidos. Algo, la verdad, bastante paradójico. Se trata de los «mochis» unos dulces muy pastosos y empalagosos que este año han causado ya la muerte de nueve personas. Una cifra alarmante que no deja indiferente a las autoridades sanitarias del país que, cuando se acerca la época de consumo de estos pastelitos, apelan a la precaución a la hora de consumirlos y cortarlos en trocitos para su mejor ingesta.

Dicen que esta temporada han ingresado en el servicio de urgencias del país hasta 128 personas afectadas por el «atasco» de estos dulces de arroz glutinoso.

Los palillos

bastonetsPara los orientales algo tan propio como la comida son sus palillos para poder comérsela. Los «hashi», que es como se llaman en japonés, son bastante imprescindibles para la mayoría de los nipones, quizás demasiado. Su exagerada dependencia obliga a que todas las tiendas del país ofrezcan palillos con cada alimento que venden. Tal generosidad provoca que se lleguen a acumular en casa gran cantidad de palillos de madera que irremediablemente tarde o temprano acaban en el cubo de la basura.

A tal reflexión he llegado después de vaciar el cajón de la cocina. De lo más fondo del mismo empezaron salir pares y más pares de palillos, junto a unas cuantas cucharillas de plástico que también ofrecen tras la compra de yogures. Sólo entonces piensas «qué desperdicio de material y, sobretodo, de recursos naturales».

La verdad es que, en alguna ocasión, cuando en el konbini te preparan la bolsa, había pensado en ello, pero siempre después de que los palillos acabaran en el interior de la misma. ¡Algo tarde ya!

Sólo en Japón viven y comen cada día más de 120 millones de personas. Eso significa que diariamente se usan millones y millones de palillos de madera desechables, especialmente teniendo en cuenta la asiduidad con la que los japoneses comen fuera de casa. Sinceramente me horroriza pensar la gran cantidad de árboles que se destinan para tal fin.

«Ikura»

10551091_10205612231003945_4478953094291390361_nAunque se parezcan y sean típicas de Japón no son las siete bolas de dragón. Bromas a parte, estamos ante una fotografía de unas bolitas de “ikura”, huevas de salmón que aportan un delicioso sabor marino a las comidas tradicionales basadas especialmente en arroz: acompañando a las pequeñas piezas de sushi, en el interior de los aparatosos oniguiris o en cantidades más generosas sobre el bol de arroz.

La mayoría de restaurantes disponen de gran variedad de platos con el “ikura” como protagonista y, algo mejor que su sabor, es el precio ya que no es caro y puede estar al alcance de todos. En Japón las huevas son un producto muy popular y bastante solicitado y por ello existe amplia variedad. A menudo encontramos de erizo de mar, gambas o incluso de vieiras.

Personalmente las de erizo (“uni”) son las que más me gustan. Aportan a cada mordisco un delicioso sabor a mar y dejan un intenso gusto en la boca. Si tenéis oportunidad, probad el sushi de «uni» y veréis cómo la pieza de arroz adopta otra dimensión.

Como el turrón

Turrón-460x250“Vuelve a casa por Navidad” no sólo fue una exitosa campaña publicitaria de una conocida marca de turrones sino que, con el tiempo, se ha convertido en una verdadera declaración de intenciones para miles de españoles que actualmente se encuentran fuera de sus hogares.

Pasarán los años, pasarán las tendencias publicitarias y pasarán muchas cosas, pero siempre alguien regresará a casa por Navidad, así como lo hace cada año el buen turrón.

Con este retorno ponemos aquí punto y final (o mejor dicho, punto y aparte) a nuestra estancia en Japón. Pero seguiré dando guerra, porque en el tintero aún quedan algunas historias que continuan recogiendo el día a día de este fascinante mundo…

Book Off

book-offEl mercado de segunda mano es un sector de negocio muy recomendable en Japón. Son muchas las tiendas que se dedican a la venta de productos usados a precios realmente excepcionales, son los «treasure shop».

Pero hoy quiero hablaros de la cadena de librerías Book Off. Con el propósito de «reciclar» la gran cantidad de libros que se consumen en Japón, esta cadena hace de intermediaria y ofrece a su numerosa clientela libros, mangas, video-juegos, CD’s, DVD’s… a precios realmente increíbles. Un buen ejemplo de estos precios son las colecciones de manga que se vendían años atrás y que hoy son verdaderos tesoros para frikis extranjeros como yo. Poder hacer una colección entera de Dragon Ball por solo 70 céntimos de euro (100 yenes) cada ejemplar es un auténtico regalo.

La mentalidad por conservar las cosas facilitan el buen estado de la mayoría de los ejemplares que encontramos. Diariamente se venden miles de libros de segunda mano, dando una nueva oportunidad a todos estos contenedores de cultura y tradición.

Japón cuenta con un millar de tiendas repartidas por las principales zonas del país.