Sandías a 2.500 euros

En Japón las subastas más famosas son, sin lugar a dudas, las que se celebran diariamente en el mercado del pescado de Tsukiji, pero también hay otras que se han popularizado por la singularidad del producto y por el precio que se alcanza.

Cada año, con la llegada de las diferentes estaciones, es habitual que se subasten productos típicos de la época. Con ello se da un simbólico pistoletazo de salida de la temporada en cuestión. Con el buen tiempo llega la fruta típica del verano, algo que de por sí ya se paga a precios bastante prohibitivos para muchos de nosotros.

Frutas como sandías y melones son productos que encontramos en los supermercados a precios muy altos. Un melón puede alcanzar tranquilamente los 20-35 euros por unidad, lo mismo que las sandías, aunque mucho más pequeñas de lo que normalmente vemos en Europa. En Japón las sandías más preciadas, las de Hokkaido, suelen subastarse por esta época y alcanzan precios desorbitados. Este año, la pieza ha llegado a pagarse a 350.000 yenes, unos 2.500 euros. ¿Pagaríais vosotros ese dinero por una sandía?

Sushi

De visita a Japón, es imprescindible entrar en un sushiya, uno de esos mini restaurantes donde las piezas de arroz corren por una cinta en pequeños platos. Habitualmente en estos establecimientos los precios son bastante asequibles, cosa que anima a probar los diferentes platitos que se preparan. En Kawasaki, muy cerca de la estación, encontramos este pequeño punto de venta donde preparan uno de los mejores sushis que hemos probado. Os dejo un pequeño vídeo donde grabamos cómo preparan estas deliciosas piezas de arroz.

Fijación de las cosas

Recientemente he encontrado entre los objetos que nos trajimos de Japón, estas bases plásticas y adhesivas de color azul que podéis observar en la fotografía. Se trata de un producto muy habitual que sirve para fijar y estabilizar los objetos que pueden caerse durante un terremoto. Ello me ha llevado a recordar las numerosas precauciones que toman los japoneses para que los movimientos sísmicos les perjudiquen lo mínimo posible.

Los japoneses suelen fijar los muebles a la pared para evitar que se caigan durante un terremoto. Un mueble sin collar puede aplastar a una persona si cae sobre ella, a la par que su derrumbe puede obstaculizar la huida y el rescate de las personas que se encuentran dentro del inmueble. Por este motivo, los nipones toman muchas precauciones en este sentido, que también sirven para evitar que pequeños aparatos como televisores, ordenadores o equipos de música puedan dañarse si caen al suelo durante el balanceo.

41GSSGXc5hLComo sucedió en el gran terremoto de 2011, durante los días siguientes puede resultar difícil conseguir artículos de uso cotidiano. Por este motivo se recomienda preparar una caja con alimentos básicos como agua embotellada, productos envasados al vacío, medicamentos, linternas, pilas y una radio para obtener información actualizada. Para ello, muchos supermercados venden botellas de agua de larga caducidad, que permiten ser consumidas en un plazo máximo de hasta cinco años.

Wasabi casero

Del mismo modo que la mayonesa casera no sabe igual que la que compramos en el supermercado, con el wasabi pasa exactamente lo mismo. Veréis, yo no soy muy dado a impregnar las piezas de sushi en esta salsa verde, pero si el wasabi en cuestión acaba de hacerse puedo hacer una gustosa excepción. El que preparan muchos japoneses en sus casas tiene un sabor muy diferente al que, a menudo, encontramos en los habituales sobrecitos diminutos. La diferencia es tal, que parece otro producto diferente. El wasabi acabado de rallar tiene un gusto más fresco, suave y bastante menos agresivo que el industrial. Desaparece esa sensación (horrorosa en mi opinión) que recorre nuestras fosas nasales y sube hacia lo más profundo del cerebro.

Pero lo más curioso del proceso de elaboración de esta raíz típica de Japón es el rallador que se suele utilizar. Hablamos de una pequeña base de madera, con un mango para sujetarlo, forrado de piel de tiburón. Sí, sí, lo que oís. ¡Piel de tiburón! Si pasáis el dedo, entenderéis por qué es ideal para obtener el wasabi rallado, ya que la piel del escualo tiene un tacto bastante similar al de un papel de lija.

Si algún día tenéis ocasión de probar el wasabi casero, no perdáis la oportunidad. Merecerá la pena.

Las máquinas vending

Japón tiene una gran cantidad de máquinas expendedoras en sus calles. No hay ninguna zona transitable en el país que no disponga, de cómo mínimo, de una instalada en el lugar más insospechado.

Resulta rentable para los comerciantes japoneses instalar este tipo de máquinas en el exterior para satisfacer el carácter consumista de los japoneses. Se trata de una sociedad que compra sin demasiados reparos todo aquello que consideran que cubre sus necesidades, sobretodo si es a buen precio. Los cafés, refrescos y bebidas en general en lata son productos muy aceptados a los que no se suelen resistirse demasiado. Por lo tanto, si observan en la calle una de estas expendedoras y les apetece tomarse algo, lo harán sin contemplación. Hay que tener en cuenta que los precios son muy parecidos a los de las tiendas (o en muchas ocasiones incluso más económicos) y por menos de un euro puedes tomarte un aromático café o una refrescante coca-cola. ¿Verdad que os resulta extraño oír hablar de café enlatado? Pues creedme que, para mí, son de los mejores que hay en el país.

Cada vez las vending tienen más y más opciones y son más sofisticadas. Últimamente proliferan en Japón máquinas con una enorme pantalla táctil que, a su vez, proporciona toda la información necesaria sobre su consumo: temperatura, calorías que aporta, precio… Además de ofrecer la previsión meteorológica y hacerte un escáner de tu aspecto para determinar tus características de género y edad, y así ofrecerte un catálogo de productos más enfocados a tu perfil.

Si alguna vez viajáis a Japón, veréis cómo os sorprenderá la abundante presencia de este tipo de máquinas expendedoras.

El “mochi” mata a más personas que el pez globo

mochisHablar de longevidad es hablar de japoneses. Japón tiene el privilegio de ser uno de los países

del mundo donde la gente vive más años. Los expertos dicen que ello se debe en buena medida al tipo de comida con la que se alimentan: productos frescos, libres de grasa, ricos en fibra…Pero lo cierto es que estos días estamos leyendo en los medios europeos cómo por estas fechas están muriendo muchos japoneses de una manera bastante absurda, por culpa de uno de sus alimentos más conocidos. Algo, la verdad, bastante paradójico. Se trata de los “mochis” unos dulces muy pastosos y empalagosos que este año han causado ya la muerte de nueve personas. Una cifra alarmante que no deja indiferente a las autoridades sanitarias del país que, cuando se acerca la época de consumo de estos pastelitos, apelan a la precaución a la hora de consumirlos y cortarlos en trocitos para su mejor ingesta.

Dicen que esta temporada han ingresado en el servicio de urgencias del país hasta 128 personas afectadas por el “atasco” de estos dulces de arroz glutinoso.

Cuando la ostra se llama “kaki”

En año nuevo retomo la redacción del blog pensando en las deliciosas ostras japonesas que he estado comiendo durante las últimas semanas. Ese molusco bivalvo que, por estas fechas, frecuenta en todas las cartas de cualquier restaurante nipón.

No había comido tantas ostras en mi vida como en Japón. Ese producto catalogado prácticamente de lujo en Europa, se convierte en Asia en algo casi cotidiano y asequible para la mayoría de nosotros. Y como cualquier delicatessen es algo de lo que uno no se aburre nunca de comer.

Durante noviembre y febrero, casi todos los restaurantes del país centran sus cartas en ofrecer exquisitas ostras a sus clientes: crudas, cocidas, fritas, rebozadas y acompañadas, incluso, con arroz siempre de la mano de abundante cerveza, vino blanco o sake. Puedo decir que durante mi estancia las he probado de muchas maneras, aunque una de las que más me sorprendió fue combinándolas con el arroz y el curry suave que ofrecen en la cadena de restaurantes “Coco”; algo ciertamente diferente.

En japonés la ostra se llama “kaki”, exactamente igual que el kaki de fruta,; también de origen nipón. Aunque un japonés siempre nos dirá que la pronunciación es ligeramente diferente.

Los palillos

bastonetsPara los orientales algo tan propio como la comida son sus palillos para poder comérsela. Los “hashi”, que es como se llaman en japonés, son bastante imprescindibles para la mayoría de los nipones, quizás demasiado. Su exagerada dependencia obliga a que todas las tiendas del país ofrezcan palillos con cada alimento que venden. Tal generosidad provoca que se lleguen a acumular en casa gran cantidad de palillos de madera que irremediablemente tarde o temprano acaban en el cubo de la basura.

A tal reflexión he llegado después de vaciar el cajón de la cocina. De lo más fondo del mismo empezaron salir pares y más pares de palillos, junto a unas cuantas cucharillas de plástico que también ofrecen tras la compra de yogures. Sólo entonces piensas “qué desperdicio de material y, sobretodo, de recursos naturales”.

La verdad es que, en alguna ocasión, cuando en el konbini te preparan la bolsa, había pensado en ello, pero siempre después de que los palillos acabaran en el interior de la misma. ¡Algo tarde ya!

Sólo en Japón viven y comen cada día más de 120 millones de personas. Eso significa que diariamente se usan millones y millones de palillos de madera desechables, especialmente teniendo en cuenta la asiduidad con la que los japoneses comen fuera de casa. Sinceramente me horroriza pensar la gran cantidad de árboles que se destinan para tal fin.

“Ikura”

10551091_10205612231003945_4478953094291390361_nAunque se parezcan y sean típicas de Japón no son las siete bolas de dragón. Bromas a parte, estamos ante una fotografía de unas bolitas de “ikura”, huevas de salmón que aportan un delicioso sabor marino a las comidas tradicionales basadas especialmente en arroz: acompañando a las pequeñas piezas de sushi, en el interior de los aparatosos oniguiris o en cantidades más generosas sobre el bol de arroz.

La mayoría de restaurantes disponen de gran variedad de platos con el “ikura” como protagonista y, algo mejor que su sabor, es el precio ya que no es caro y puede estar al alcance de todos. En Japón las huevas son un producto muy popular y bastante solicitado y por ello existe amplia variedad. A menudo encontramos de erizo de mar, gambas o incluso de vieiras.

Personalmente las de erizo (“uni”) son las que más me gustan. Aportan a cada mordisco un delicioso sabor a mar y dejan un intenso gusto en la boca. Si tenéis oportunidad, probad el sushi de “uni” y veréis cómo la pieza de arroz adopta otra dimensión.

Como el turrón

Turrón-460x250“Vuelve a casa por Navidad” no sólo fue una exitosa campaña publicitaria de una conocida marca de turrones sino que, con el tiempo, se ha convertido en una verdadera declaración de intenciones para miles de españoles que actualmente se encuentran fuera de sus hogares.

Pasarán los años, pasarán las tendencias publicitarias y pasarán muchas cosas, pero siempre alguien regresará a casa por Navidad, así como lo hace cada año el buen turrón.

Con este retorno ponemos aquí punto y final (o mejor dicho, punto y aparte) a nuestra estancia en Japón. Pero seguiré dando guerra, porque en el tintero aún quedan algunas historias que continuan recogiendo el día a día de este fascinante mundo…