A Keiko

He pensado muchas veces en cómo afrontar la redacción de este artículo y la verdad es que aún no sé cómo hacerlo, así que me dejaré llevar… Hoy hace justo una semana, una buena amiga japonesa nos dejó. En varias ocasiones os hablé de ella, toda una señora llena de bondad, atención y dedicación hacia los demás. Así que me veo en el compromiso de compartir con vosotros este triste momento.

Conocí a Keikosan casi por accidente. Era un sábado por la mañana cuando me dirigí a la clase de japonés para extranjeros que ofrecían los voluntarios de Machida. Aquel día, el sensei que me asignaron, un señor de avanzada edad que trabajó buena parte de su juventud en Perú, se había ausentado y en su lugar pusieron a una substituta. Se trataba de ella: una señora delgada, de aspecto típico japonés y, lo más impactante, que hablaba un español impresionante. Desde entonces Keiko pasó a ser mi profesora oficial, con quien quedé prácticamente todas las semanas para aprender japonés, tomar un largo café y practicar español. No había martes que no me agradeciera con toda la sinceridad del mundo nuestras charlas de política, de sociedad, de medio ambiente… Era una mujer con un gran conocimiento del mundo, una gran sensibilidad por las otras culturas y muy comprometida con los valores de Japón.

Keiko era una de las pocas personas en Japón que no tenía móvil. Decía que el teléfono podía entenderse como un control y una cierta falta de libertad. Mi pasión por la tecnología acabaron por convencerla de que un teléfono móvil era algo imprescindible para cualquier persona. Poco después apareció con un flamante iPhone 5c. La tecnología había llegado más bien tarde a su vida, pero creo no equivocarme cuando pienso que supo sacarle buen provecho. En buena medida, gracias al móvil, Keikosan y yo mantuvimos el contacto una vez ya en España. Semanalmente nos comunicábamos con mensajes, fotografías e incluso alguna llamada. Hablábamos del tiempo, de la actualidad, de las vacaciones y de un sinfín de propuestas que teníamos por hacer. La tecnología en la palma de nuestras manos nos permitía seguir una amistad sincera y motivada por el buen entendimiento de dos personas pertenecientes a dos culturas tan diferenciadas.

Hace justo una semana que recibía un mensaje suyo, escrito en inglés y a unas horas nada habituales. “¡Qué extraño”, pensé. No era ella, si no su marido, quien me comunicaba que Keikosan nos había dejado.

Terrible sensación la que sentí y la que siento. Terribles circunstancias las que nos depara la vida. Aprovechémosla, seamos felices y, sobre todo, tan generosos como ella.

Anata wo itsumo oboete iru. Descansa en paz.

Un “japonés” en Manresa

Gracias a uno de mis últimos vídeo-reportajes, pude descubrir en Manresa algo realmente sorprendente, la presencia de un guerrero japonés en uno de los mosaicos de la famosa cueva de San Ignacio de Loyola. Junto a Álvaro de Córdoba, Juan de Austria y el marqués de Villapuente, encontramos a un personaje que parece denominarse Justo Ukandono, con peinado nipón y una katana que sobresale a partir de su cintura. ¿Pero qué hace un japonés en una capilla?

Para encontrar la respuesta hemos de remontamos al siglo XVI, cuando los jesuitas llegaron a Japón. Ukon Takayama (nombre correcto de nuestro protagonista) estuvo bajo las órdenes de los shogun Obunaga y Hideyoshi y fue considerado uno de los nobles más comprometidos con el imperio japonés. Ukon se entregó al cristianismo y fue bautizado a los 12 años, comprometiéndose con la fe cristina por convicción.

Gracias al apoyo de otros señores feudales logró permanecer en su país, a pesar de no contar con la simpatía de los shogun. Con 62 años tuvo que abandonar Japón, junto con otros 300 cristianos, y dirigirse a las Filipinas españolas para poder desarrollar su fe con libertad y sin represión. A los pocos meses murió en Manila de una enfermedad.

De Justo Ukondono, Ukon Takayama y de Hikogoro Shigetomo (todos la misma persona) se ha escrito mucho y resulta sencillo encontrar en la red información y biografía. Una excelente oportunidad para descubrir esta historia apasionante.

Ukon coincidió en el tiempo con San Ignacio de Loyola, personaje a quien se le dedica el santuario de Manresa y objeto del reportaje de La Vanguardia que también recogimos en vídeo.

Goku como nombre de pila

En estos días de caluroso agosto, cuando las noticias van escasas y cualquier hecho noticiable se vende sólo, hemos conocido la gesta de un padre de Barcelona en ponerle Goku, como nombre, a su hijo recién nacido.

Su admiración, que no fanatismo, por la serie de animación llevó a Juan Carlos a proponerle a su mujer llamar así a su primer hijo. Tras valorar los pro y los contra de la iniciativa, decidieron inscribir a su retoño con el popular nombre de este personaje de ficción. Goku superó el trámite en el hospital, en el registro e incluso en la Iglesia, pero donde realmente tuvieron problemas de aceptación fue en Facebook. La red social ponía en duda que el nombre fuera real y solicitó a los padres documentación que acreditara que, en efecto, el niño se llamara así.

El 17 de julio nació en España el primer niño con el nombre de Goku y quien sabe si se trata del primero de una nueva moda de nombres de series de televisión. Con mucha probabilidad, en Japón no encontrariamos a nadie que oficialmente se llamara así, ya que -aunque lo parezca- no se trata de un nombre tradicional japonés, sino chino. En realidad, la serie de Dragon Ball cuenta una leyenda de origen chino. De hecho, podríamos encontrar muchos chinos apellidadas como Goku y Gohan: Son.

Tiempo atrás escribí una entrada en este blog tratando el significado de algunos de los nombres que ideó Akira Toriyama para sus personajes de animación. Recordemos que Goku, en realidad se llamaba Kakarotto, una deformación del inglés, carrot.

 

Trenes silenciosos

Recientemente la prensa española nos ha hablado del éxito que ha alcanzado el vagón silencioso que Renfe ha habilitado en los AVE Madrid-Barcelona. Se trata de un coche donde la luz es tenue, donde no está permitido hablar por teléfono, ni hablar en voz alta y donde la megafonía está inhabilitada. Un vagón que tiene como objetivo hacer más tranquilo el desplazamiento a sus pasajeros.

La iniciativa de la empresa ferroviaria está muy bien, pero ello demuestra el tipo de sociedad que predomina en nuestro país. No hace falta decir cómo son los viajes en transporte público en Japón, ¿verdad? Silencio absoluto en cualquier vagón, en cualquier andén y en cualquier sitio. Allí no son necesarios los coches silenciosos, porque ya todo es silencioso. Allí no hace falta instruir a la gente para que no moleste, porque ellos nunca molestan a nadie.

Cuando una sociedad no habla por su teléfono móvil en el tren, dice mucho de sí. No lo hacen porque no tengan ganas de responder, sino porque no quieren molestar a sus compañeros de viaje. Algo que aquí nadie se plantearía en absoluto. Es más, ¿cuántas conversaciones (desagradables) a grito limpio hemos oído en los trenes? ¿A qué creéis que es debido, a la falta de educación o a la falta de sensibilidad?

En Japón, durante las horas punta, la mayoría de los pasajeros de un tren viajan de pie, todos ellos apoyados con una mano en el agarrador y con la otra sujetando el móvil o un manga. Cada uno con su mundo o cada uno con su sueño (recordemos que los japoneses duermen mucho en el transporte público). Y las conversaciones siempre en voz baja y lo más breves posibles. La falta de ruido es tan fuerte que ni el traqueteo del tren es suficiente para romper con la incomodidad del silencio.

Sandías a 2.500 euros

En Japón las subastas más famosas son, sin lugar a dudas, las que se celebran diariamente en el mercado del pescado de Tsukiji, pero también hay otras que se han popularizado por la singularidad del producto y por el precio que se alcanza.

Cada año, con la llegada de las diferentes estaciones, es habitual que se subasten productos típicos de la época. Con ello se da un simbólico pistoletazo de salida de la temporada en cuestión. Con el buen tiempo llega la fruta típica del verano, algo que de por sí ya se paga a precios bastante prohibitivos para muchos de nosotros.

Frutas como sandías y melones son productos que encontramos en los supermercados a precios muy altos. Un melón puede alcanzar tranquilamente los 20-35 euros por unidad, lo mismo que las sandías, aunque mucho más pequeñas de lo que normalmente vemos en Europa. En Japón las sandías más preciadas, las de Hokkaido, suelen subastarse por esta época y alcanzan precios desorbitados. Este año, la pieza ha llegado a pagarse a 350.000 yenes, unos 2.500 euros. ¿Pagaríais vosotros ese dinero por una sandía?

“Parasoru”

La primera vez que visité el país, conocí una palabra en japonés que me llamó especialmente la atención: パラソル (parasol), un vocablo muy familiar para los castellanohablantes que designa al artilugio que nos protege de la insolación. Curiosamente en Japón, aunque existe una palabra propia para este concepto (“higasa”), suelen utilizarla con bastante frecuencia. Hemos de tener en cuenta que los parasoles se utilizan con mucha regularidad, especialmente por la señoras japonesas que quieren cubrirse del sol. La tradición nipona aleja del concepto de belleza a las mujeres demasiado morenas, con lo que éstas huyen del bronceado y se protegen con asiduidad con parasoles o paraguas que tienen doble función: taparse de la luz solar, en los momentos de mucha radiación, y evitar mojarse en la época de lluvias, que suele transcurrir al inicio del verano. Un accesorio muy beneficioso y conveniente que salva el tipo a más de una.

Como decía, en Japón es muy habitual ver a señoras resguardarse del sol en plena calle, pero lo que quizás no es tan cotidiano es ver cómo se instalan parasoles a determinadas plantas y flores. Mi amiga Keikosan me envió esta fotografía donde podemos observar cómo se protegen del sol unas flores del jardín de un parque de la ciudad de Machida. Como siempre, los japoneses tan detallistas: cuidan los detalles y las formas, incluso con las plantas.

轟さんありがとうございます!

Los productos Apple

Hacía ya mucho tiempo que quería escribir respecto a este tema: los productos de Apple, Japón y los japoneses. Steve Jobs no sólo revolucionó el mundo de la telefonía móvil en Europa y América, sino que también lo hizo en Japón, un país donde el campo de las comunicaciones telefónicas ya estaba muy desarrollado.

Cuando en Europa y América “disfrutábamos” de nuestros dispositivos Nokia a pantalla en blanco y negro y, a través del cual, enviábamos mensajes de texto a 25 pesetas, en Japón ya existían los teléfonos tipo concha y con pantallas a todo color. Los SMS eran reemplazados por los económicos correos electrónicos, que los móviles japoneses ya ofrecían por allá el año 2003.

A excepción de la pantalla multitáctil, en Japón los teléfonos móviles ya ofrecían desde hacía mucho tiempo conexión a internet, wifi, emails, servicios de subscripción, radio e incluso televisión. Debido a estos avances tecnológicos, que ya estaban presentes en el mercado de la telefonía japonesa, el iPhone costó en introducirse en el país asiático a pesar de la buena acogida que siempre han tenido en él los productos de la empresa de la manzana. SoftBank (heredera de la extinguida Vodafone Japan) hizo una apuesta muy fuerte por el terminal americano y fue quien se encargó de comercializarlo en el país casi con exclusividad. Como en España, la primera generación del iPhone no se vendió en Japón, ya que el aparato aún no usaba redes de tercera generación, las únicas compatibles con el servicio telefónico japonés. Desde entonces el interés por el iPhone ha ido creciendo a un ritmo imparable, modelo tras modelo; hasta el punto de que ya todas las principales operadores de telefonía del país lo comercializan dentro de su catálogo.

Con el tiempo, el iPhone se ha convertido en un producto muy codiciado por todo el mundo. Apple lo comercializa en Japón a un precio muy competitivo en comparación con otros países como en España. El cambio de divisa y el IVA tan alto que pagamos en comparación (21% frente al 8%) justificarían que el último modelo de Apple cueste casi 200 euros menos en Japón, a pesar del alto nivel de vida.

Puedo decir que fui uno de los primeros en poseer un iPhone 6 Plus y de beneficiarme de esa diferencia económica. El mismo día del lanzamiento, lo adquirí a través de la Apple Store on line. 15 días más tarde me lo entregaba un mensajero en mi domicilio japonés.

(Fotografía: Así llegó mi iPhone a casa, empaquetado y fijado con film transparente para su transporte)

Llega la Golden Week

Uno de los momentos más esperados por los japoneses es la Golden Week, su semana dorada. Un periodo que aprovechan los nipones para hacer un paréntesis en sus obligaciones laborales y disfrutar de unas merecidas vacaciones, aprovechando la llegada del buen tiempo. Los aeropuertos registran una gran actividad y volar cuesta mucho más de lo habitual.

Golden-WeekLa semana dorada de los japoneses es fruto de la unión de cuatro días festivos, es decir, un super puente que les permite disponer de prácticamente una semana entera de vacaciones. Hoy en Japón celebran el día del emperador Showa, una época que el país vivió con mucha agitación. Se cree que de esta forma la sociedad recuerda las penurias y alegrías que pasaron durante esa Era para transmitirlas a las nuevas generaciones, a modo de crear un futuro próspero. El día 3 de mayo los japoneses dedican esa jornada a conmemorar la Constitución japonesa. El 4 celebran el día del verdor (midori no hi), un excelente momento para dar la bienvenida a la primavera. Finalmente, el 5 de mayo se celebra el día de los niños (kodomo no hi), momento en que Japón se llena cometas en forma de carpa.

Curiosamente el 1 de mayo en Japón no es día festivo, a diferencia de muchos otros países de todo el mundo, aunque cada vez son más las empresas que deciden hacer de dicho día una jornada festiva.

También es interesante diferenciar el día del cumpleaños del actual Emperador (el 23 de diciembre) y el día del emperador Showa.

Eterno Godzilla

Godzilla, es sin ninguna duda, uno de los iconos de la ciencia ficción japonesa. Se trata de uno de los embajadores del país del sol naciente más reconocidos por todo el mundo. Nació en 1954 en la película que llevaba su propio nombre y, desde entonces, ha protagonizado unas treinta películas. Recientemente recuperó su popularidad debido a la nueva versión cinematográfica que Hollywood le dedicó el verano pasado.

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Este híbrido, mitad ballena mitad gorila, permanece presente en Japón en multitud de lugares. Meses atrás vimos cómo la distribuidora promocionaba a Godzilla en Roppongi, con una reproducción del monstruo casi a tamaño real. Ahora, la productora cinematográfica Toho, creadora de la primera película y propietaria de una de las principales cadenas de salas cinematográficas, ha homenajeado al personaje, colocándolo en lo alto de uno de sus edificios en el céntrico Kabukicho, en Shinjuku.

Objetos perdidos

Son muchísimas las anécdotas que se podrían explicar que demostrarían la seguridad de Japón y la honradez de sus gentes. Historias inverosímiles que cuentan cómo se han perdido objetos de valor, carteras, monederos, ordenadores… y sus propietarios lo han recuperado sin ningún problema. Y es que en Japón las cosas ajenas no se tocan, o si se tocan sólo es para facilitar su localización. Habitualmente por las calles de Tokio es normal encontrar objetos situados en lugares altos y visibles para facilitar al propietario su rápida recuperación. Podemos encontrar zapatos de niños, abrigos, guantes, teléfonos móviles, carteras e incluso tarjetas de crédito.

Siempre que surge la oportunidad cuento la historia de la tarjeta de crédito que vi en el suelo en una concurrida estación del área metropolitana de Tokio. Acababa de llegar a Japón y me sorprendió enormemente encontrarme una tarjeta de crédito en el suelo. Pero lo más asombroso fue ver cómo la gente pasaba por al lado y nadie se adueñaba de ella. Algo que, lamentablemente, en Europa es muy frecuente. Cuando la vi, me aparté y aguardé a distancia suficiente para ver qué ocurría con la tarjeta. Por su lado pasaron cientos de personas y nadie se agachó ni un solo momento para recogerla. Del mismo modo he visto por los suelos de Tokio muchos otros objetos de valor y conozco gente que se olvidó objetos valiosos en los trenes y los recuperaron fácilmente.

Admiro profundamente que en Japón la gente no se adueñe de lo que no le corresponde. Si en Japón pierdes algo, tranquilo que seguro que lo recuperas.